Syriana, de Stephen Gaghan
Publicado por danieltubaugarcia en Enero 19, 2008
A menudo se plantea la disyuntiva de elegir entre lo sencillo y lo complejo. Si nos decantamos por la sencillez, como suele ser mi caso, ello parecería implicar que cualquier cosa compleja deja de merecer la pena. Pero esa sería una conclusión sin duda precipitada.
En el mundo, y en nuestra manera de ver el mundo, existen cosas sencillas y existen cosas complejas. Explicar cómo funciona el cerebro humano es un asunto muy complejo, como lo es describir el origen del universo o la composición de la materia.
Un error frecuente consiste en convertir en complejo lo sencillo, pero igual de erróneo es presentar como demasiado sencillo lo complejo.
Todo lo que rodea al mundo del petróleo es algo muy complejo, quizá tan complejo como lo que algunos consideran el artefacto más complejo del universo, el cerebro humano, puesto que en el asunto petrolífero están implicados centenares de cerebros.
Quizá el mundo del petróleo no es más complejo en cuanto a los factores implicados, en lo que el cerebro supera a todo lo conocido (exceptuando el universo que incluye al cerebro), pero si resulta más complejo en otro sentido: hay que suponer que el estudio del cerebro nos permitirá entender finalmente cómo funciona y para qué sirve cada elemento implicado. Pero no podemos esperar una explicación semejante por mucho que profundicemos en el estudio del mundo petrolífero. Encontraremos, eso sí, que ciertas cosas suceden porque hay ciertos intereses detrás, que otras se deben a la intervención de éste o aquél gobierno o grupo de influencia. Pero aunque encontremos miles de piezas, muchas de ellas no encajarán nunca, sencillamente porque pertenecen a juegos diferentes.
Si yo mezclo un puzzle en el que se ve la piedra negra de La Meca, y tú añades otro en el que hay que reconstruir una imagen de Broadway de noche, es imposible que juntando tus piezas y las mías obtengamos una única imagen. Sólo podremos encajar tus piezas con las mías deformándolas o rompiéndolas.
En el mundo del petróleo no sólo hay complejidad, sino también confusión, nexos que forman una cadena de explicaciones, al final de la cual no encontramos más que el vacío; elementos que juegan un papel determinante en cierta situación, pero enseguida desaparecen para siempre; intereses que se enfrentan a sí mismos en movimientos incoherentes, muchos complós y conspiraciones, muchos fracasos de los complós y conspiraciones.

La teoría conspirativa
Muchos politólogos y periodistas mencionan una y otra vez despectivamente la teoría de las conspiraciones, esa idea de que las conspiraciones dirigen el mundo, y recuerdan los argumentos de Karl Popper en contra.
Pero olvidan que Popper no negaba que existieran conspiraciones y complós; habría que ser verdaderamente inmune a la realidad y ciego a la información para no darse cuenta de que todos los días se están produciendo conspiraciones en el mundo.
Lo que Popper decía es que la historia del mundo no se puede escribir como la historia de sucesivas conspiraciones. Las conspiraciones no dirigen la historia. Intentan dirigirla, pero no lo consiguen, o sólo lo hacen raramente.
Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética quiso cambiar el curso de los acontecimientos asesinando al Papa Juan Pablo II. Los acontecimientos, en efecto, cambiaron, pero no de la manera que deseaban los instigadores del atentado, pues el Papa sobrevivió al atentado y los polacos siguieron contando con su apoyo frente a los rusos. Pocos años después, en 1989, caía el muro de Berlín y desaparecía el Pacto de Varsovia.
EE UU y Arabia Saudi también quisieron cambiar el rumbo de la historia favoreciendo a los musulmanes más radicales de Afganistán, los talibanes, pero los talibanes y Bin Laden se les fueron de las manos y atacaron los intereses de EEUU, incluso en su territorio, con el atentado contra las torres gemelas, que es también una conspiración, cuyo resultado final no creo que acabe complaciendo a sus ejecutores fundamentalistas, o al menos eso espero.
Hay decenas de conspiraciones, y por causa de ellas mueren miles y a veces millones de personas, como en la invasión soviética de Afganistán, pero son como piezas movidas por jugadores que juegan a distintos juegos, y que nunca pueden completar su propio puzzle.
Syriana muestra parte de ese puzzle hecho de piezas mezcladas, en el que participan jugadores que ni siquiera están de acuerdo en cuáles son las reglas del juego. Lo hace de manera complejísima, confusa a menudo, no por falta de pericia del guionista y el director, sino porque el asunto es confuso, de manera ambígua porque es ambígüo el asunto.
Syriana no da respuestas, porque no existen. O sí, tal vez si existen respuestas, unas cuantas decenas de respuestas, pero no una única respuesta. Es una película que entiende que la sencillez se convertiría en simplismo, y que muestra los diferentes aspectos y personajes implicados, no desde un punto de vista neutral (su punto de vista es el del asombro y la furia impotente ante unos y otros, ante tantos culpables con nombre y apellidos), pero si de una manera múltiple. Hay en Syriana muy pocos inocentes y, en este caso, creo que es razonable que así sea.
La película, con guión y dirección de Stephen Gagham es de una seriedad asombrosa para proceder de Hollywood, y muestra, de una manera intensa y precisa, los diferentes aspectos de un mundo complejísimo.
He leído en algunas críticas que muchos la consideran confusa, y eso es algo que no se puede negar, pero lo es a propósito.
Su director, protagonista y promotor, George Clooney explica que con Syriana no pretendían dar respuestas, sino conseguir que el espectador se planteara preguntas; que después de verla discutiera si estaba de acuerdo con esto o con aquello.
A mí me pareció una confusión embriagadora, tal vez porque es un tema que me interesa mucho, y descubrí una y otra vez que Gagham está verdaderamente bien informado y su punto de vista es amplio, muy lejos del simplismo que reina en este tema.
Vi la película en una situación desdoblada, muy interesado por la historia o trama que sostiene la película, pero también por todas las claves que se van dando acerca de un conflicto.
Es, en cierto modo, una película/ensayo, que exige del espectador una atención continua. Algunos dicen que podría haber sido un documental, y aunque es cierto que se pueden hacer fascinantes documentales sobre el tema, al ser una historia de ficción puede ir más allá de lo que iría un documental. Y quizá ese más allá está cerca de la verdad o de muchas verdades del mundo del petróleo.
En un documental, el príncipe Nassir, sólo puede ser el príncipe Nassir, pero en Syriana, el príncipe Nassir es y no es a la vez el rey de Marruecos, el ex presidente Jatamí de Irán, Benazir Butto de Pakistán y, por supuesto, el príncipe heredero de Arabia Saudi, Qatar o Dubai.
Robert Baer, ex-agente de la CIA y autor de See No Evil, libro en que se inspira esta película, dice:
«Syriana es un lugar ficticio, un término que se utiliza para describir el rediseño de las fronteras del Oriente Medio para que se ajusten a nuestros intereses (los de Estados Unidos)».
Es inevitable que para quien no conozca lo que sucede en el mundo musulmán y los importantes movimientos políticos y estratégicos que se están produciendo en este momento en el planeta, la película pierda gran parte de su atractivo y se convierta en un thriller difícil de seguir, porque hay cosas muy importantes que apenas son mencionadas de pasada, pero ¡de qué manera!.
Pero si estás interesado en estos asuntos, la experiencia de ver Syriana proporciona un placer intelectual de gran nivel.
Lo sencillo y lo complejo « escribió
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Jugar con puzzles diferentes « escribió
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A veces las películas son más verdaderas que los documentales « escribió
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